domingo, 2 de febrero de 2014

FÉLIX GRANDE (MUY GRANDE)

La grandeza no le venía solo de apellido. Era poeta y era mucho más. Había trabajado de vinatero, como vendedor a domicilio de pomadas contra los sabañones, de recitador de casino, y fue también cabrero. Desde 1983 dirigía la revista Cuadernos Hispanoamericanos, pero en 1996 un Gobierno del PP lo destituyó, que todos sabemos que lo del PP viene de lejos.
   La preocupación que siempre mostró por su tiempo no le alejó del cuidado formal. Clásico e innovador, interesado en la música, particularmente el cante jondo, nada humano le resultó indiferente. Premio Adonáis de poesía (1964), Premio Nacional de Flamencología (1978), Premio Nacional de las Letras Españolas (2004), fue uno de nuestros grandes.
   Y digo fue porque acaba de morir. Aunque perdure entre nosotros en sus obras, y cada vez que leamos Blanco spirituals, o Las rubáiyatas de Horacio Martín, o La cabellera de la Shoah, sintamos que latimos a su compás.
   Yo lo recordaré siempre por Persecución, que supuso, para mí, una vivencia personal. Conocer ese poema y pensar en llevarlo a la escena, fue todo uno. Supe de su existencia gracias a un amigo andaluz a quien había acudido en busca de asesoramiento. Preparaba por entonces, con el grupo de dramatización del IES placentino “Valle del Jerte”, una obra teatral sobre la xenofobia y el racismo, que finalmente se tituló Un moro frente a mí, en el espejo. Quería incluir entre sus cuadros alguno sobre la discriminación de que es víctima el mundo gitano, y el poema de Félix Grande cantado por El Lebrijano me vino como anillo al dedo.
   Cuando, tiempo después, me planteé publicar la experiencia, contacté con él por medio de un amigo común y le pedí autorización para reproducir el texto. No solo me la dio, además se tomó la molestia de corregirme errores en que había incurrido al transcribir la letra directamente del CD. Y, cuando recibió el libro que le envié, me contestó con estas palabras:
                                   “Madrid 10 de julio 99
Amigo José (sic, soy Juan) Manuel: Gracias por el ejemplar de `Un moro frente a mí, en el espejo´. Y gracias por incluirme en esos trabajos. No soy muy optimista sobre la posibilidad de que la bestia humana, sobre todo cuando se agrupa, caiga en la cuenta de que el racismo es abyecto. Quizá de la forma en que tú enfocas la guerra contra ese horror –en la infancia- pueda ser posible dar pasos. Te felicito.
                        Un abrazo
                        Félix”
   Solo desde una humanidad tan grande como la suya me podía dar, él a mí, agradecimientos y felicitaciones. Y es que era de esos que, por alto que suban, nunca pierden de vista lo que queda a sus pies. 

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